Geopolítica
Sitio en construcción · Acceso restringido
Cargando titulares en vivo…
CONO SUR ESTRATÉGICO
Análisis Geopolítico
Cono Sur · Región Centro Argentina

Geopolítica

www.geopolitica.ar
Índice de Riesgo Regional
ALTO · 74/100
80%Exportaciones por Hidrovía
6Bases antárticas argentinas
60%Reservas mundiales de litio (triángulo)
3.400Km navegables del corredor
5Consorcios en licitación
◆ HIDROVÍA PARANÁ-PARAGUAY · SOBERANÍA FLUVIAL
La Hidrovía Paraná-Paraguay: la arteria fluvial del interés nacional
Geopolítica del corredor por el que sale el 80% de las exportaciones agrícolas: soberanía, renta y federalismo tras la concesión.
26 JUN 2026 Riesgo Alto Relevancia: 96/100 ⏱ Adjudicada · 25 años
⚑ Impacto Centro Argentino Santa Fe y Entre Ríos son el epicentro. Frigerio (ER) negoció la inclusión de nuevos tramos; Santa Fe empujó por adjudicar rápido para bajar costos. Cada dólar de peaje incide en el FOB de Rosario, San Lorenzo, Diamante y Paraná.
Leer análisis →
◆ ATLÁNTICO SUR · DEFENSA
Malvinas y el Atlántico Sur: geopolítica de un océano en disputa
Del litigio diplomático a la militarización del Atlántico Sur: intereses marítimos, plataforma continental y antesala antártica.
02 JUL 2026 Riesgo Alto Relevancia: 91/100
⚑ Impacto Centro Argentino Córdoba alberga FAdeA y nodos de la industria de defensa. Los contratos de modernización naval tienen derrame directo en la provincia.
Leer análisis →
◆ LITIO · RECURSOS ESTRATÉGICOS
Litio: el nuevo mapa de los recursos críticos y el interés argentino
La clave no es el mineral sino la capacidad de industrializarlo, dentro del federalismo del artículo 124.
01 JUL 2026 Riesgo Medio Relevancia: 88/100
⚑ Impacto Centro Argentino Córdoba tiene la infraestructura universitaria para escalar industrialización. La decisión define empleos de alta calificación de la próxima generación.
Leer análisis →
◆ ANTÁRTIDA · SOBERANÍA CIENTÍFICA
Antártida: la ciencia como soberanía y el mito de 2048
Una presencia centenaria, el régimen del Tratado Antártico y la nueva carrera por el continente blanco.
30 JUN 2026 Riesgo Medio Relevancia: 85/100
⚑ Impacto Centro Argentino La renovación antártica es un programa de contratos industriales. Córdoba y Santa Fe son la cadena de valor natural. Oportunidad subestimada.
Leer análisis →
MERCOSUR · Comercio
UE-MERCOSUR: el acuerdo entró en fase de ratificación parlamentaria
La mayor zona de libre comercio interregional del mundo depende de las legislaturas de 31 países. Cronograma y escenarios.
Riesgo Medio87/100
INFRAESTRUCTURA · Bioceánico
Corredor Bioceánico Central: Brasil y Paraguay aceleran inversiones
El eje Porto Alegre-Pacífico remodela los flujos logísticos regionales. Argentina evalúa su inserción.
Riesgo Bajo79/100
ENERGÍA · Gas Natural
Vaca Muerta y el gasoducto reconfiguran la geopolítica energética del sur
La capacidad exportadora de GNL se convierte en palanca diplomática. Análisis de capacidad y ventana temporal.
Riesgo Bajo82/100
CHINA · Influencia
Bases espaciales chinas en Patagonia: alcance real vs narrativa mediática
Análisis técnico de las instalaciones de Neuquén. Qué pueden y qué no pueden hacer. Posición oficial y debate estratégico.
Riesgo Medio76/100
DEFENSA · Fuerzas Armadas
Plan de modernización de la FAA: drones de combate y el debate doctrinario
La Fuerza Aérea Argentina evalúa sistemas no tripulados. Implicancias presupuestarias y de doctrina operacional.
Riesgo Bajo71/100
ALIANZAS · UNASUR
PROSUR y UNASUR: fragmentación regional y vacío de gobernanza sudamericana
La ausencia de un bloque cohesionado deja a los países expuestos a presiones bilaterales de potencias extra-regionales.
Riesgo Medio68/100
◆ HIDROVÍA PARANÁ-PARAGUAY · SOBERANÍA FLUVIAL

La Hidrovía Paraná-Paraguay: la arteria fluvial del interés nacional

Geopolítica del corredor por el que sale el grueso de las exportaciones argentinas: soberanía, renta y federalismo tras la concesión de la Vía Navegable Troncal.

Ningún país piensa seriamente su lugar en el mundo sin pensar sus rutas. Para la Argentina, la más importante no es terrestre ni marítima en sentido estricto: es fluvial. El sistema Paraná-Paraguay —la Hidrovía— es la arteria por la que circula la mayor parte de su producción agroexportadora, y por eso mismo un objeto geopolítico de primer orden, donde se cruzan la soberanía nacional, la renta del comercio exterior y el federalismo.

Una arteria continental La Hidrovía recorre unos 3.400 kilómetros y conecta el corazón productivo de Sudamérica —Bolivia, Paraguay, el sur de Brasil y el litoral argentino— con el Atlántico. Por su tramo argentino sale cerca del 80% de las exportaciones de granos y subproductos del país, concentradas en el complejo portuario de Rosario-San Lorenzo, el mayor polo de molienda de soja del planeta. Hablar de la Hidrovía es hablar de la principal infraestructura estratégica del país, aunque rara vez ocupe el lugar que le corresponde en el debate público.

De la libre navegación a la concesión La libre navegación de los ríos interiores fue una de las cuestiones que ordenó la organización nacional tras Caseros y quedó inscripta tempranamente en el diseño constitucional. Sobre esa base, la tradición geopolítica argentina —de Segundo Storni, que situó los intereses marítimos y fluviales como asunto de Estado, a Nicolás Boscovich y los desarrollistas que pensaron la Cuenca del Plata como eje de integración— entendió el corredor no como un simple canal de exportación sino como columna vertebral del desarrollo del interior. La administración del dragado y el balizamiento estuvo largo tiempo concesionada, y su reestatización y posterior relicitación reabrieron la discusión de fondo: quién controla, con qué reglas y en beneficio de quién, la vía por la que respira la economía argentina. En 2026, la Vía Navegable Troncal fue adjudicada por veinticinco años al consorcio de la belga Jan de Nul y la argentina Servimagnus.

El tablero de intereses Una vía navegable no es solo una zanja dragada: es información, tarifas y logística. Quien opera el corredor conoce en tiempo real qué se mueve, cuánto y hacia dónde, y fija el peaje que incide de manera directa sobre el precio final de la producción. Por eso la puja por su control convocó a actores europeos, asiáticos y americanos, y por eso su gobernanza es inseparable de la relación con los socios de la cuenca —Paraguay, principal usuario aguas arriba, y Brasil— y del régimen compartido que ordena el sistema desde el Tratado de la Cuenca del Plata. A ello se suma un frente menos visible: la salida al mar. Los canales de Martín García y, sobre todo, el proyectado Canal Magdalena definen si la producción egresa por aguas y servicios propios o depende de infraestructura de terceros.

El interés nacional Leído desde el interés argentino, el problema no es la libre navegación —principio que el país sostiene— sino la gobernanza soberana del corredor. La posición nacional se fortalece cuando el Estado conserva el control de la información y la regulación, cuando el peaje refleja el valor estratégico de la vía y su renta se reinvierte en el desarrollo del interior, y cuando las provincias ribereñas —Santa Fe y Entre Ríos, cuyos puertos y complejos agroindustriales dependen del dragado y de las tarifas— participan de una coordinación federal efectiva. Se debilita, en cambio, cada vez que se cede el control de esa información, se subvalúa el canon o se fragmenta la decisión.

Conclusión La concesión cierra un proceso licitatorio y abre la cuestión permanente: la de un país que debe decidir si gestiona su gran corredor fluvial como una política de Estado o lo administra como un expediente más. La vía es libre para navegar; su regulación, su renta y su información pertenecen a la Nación y a sus provincias.

◆ ATLÁNTICO SUR · CUESTIÓN MALVINAS

Malvinas y el Atlántico Sur: geopolítica de un océano en disputa

Del litigio diplomático a la militarización del Atlántico Sur: los intereses marítimos, la plataforma continental y la antesala antártica.

La cuestión Malvinas suele plantearse como una herida histórica, y lo es. Pero reducirla a la evocación de 1982 o de 1833 empobrece su comprensión. Vista con lente geopolítico, Malvinas es la punta visible de una disputa mucho más amplia: la del control del Atlántico Sur, un océano que las grandes potencias vuelven a mirar con atención en función de sus pesquerías, sus hidrocarburos y su condición de antesala de la Antártida.

Un archipiélago y un océano El Reino Unido ocupa las islas desde 1833, cuando desalojó a las autoridades argentinas allí establecidas. La Argentina, que sucedió a España en la soberanía sobre el archipiélago y protestó el despojo de manera inmediata y sostenida, nunca consintió la ocupación. Pero la disputa no se agota en la tierra: las 200 millas de la Zona Económica Exclusiva y una plataforma continental extendida contienen recursos pesqueros e hidrocarburíferos de enorme valor. La pesca no autorizada en el borde de la ZEE —la llamada milla 201— y la exploración costa afuera son las formas concretas en que el conflicto se juega sobre recursos reales.

El largo litigio diplomático En 1965, la Resolución 2065 de la Asamblea General de la ONU reconoció la existencia de una disputa de soberanía e invitó a ambos Estados a negociar, teniendo en cuenta los intereses —no los deseos— de la población isleña. La distinción es jurídicamente decisiva: excluye la aplicación del principio de libre determinación, en tanto los habitantes son una población trasplantada por la potencia ocupante. Resoluciones posteriores reiteraron el llamado a negociar, y el Comité de Descolonización lo sostiene hasta hoy. En paralelo, el trabajo técnico de la Comisión del Límite Exterior de la Plataforma Continental permitió que las Naciones Unidas reconocieran en 2016 la extensión de la plataforma argentina —una vasta superficie de lecho y subsuelo marinos—, dejando en suspenso, por la disputa, el área en torno a las islas.

La militarización del Atlántico Sur El componente que actualiza el conflicto es militar. La base de Mount Pleasant proyecta capacidad británica —y, por extensión, de la OTAN— sobre un océano austral cada vez más disputado. En un mundo que se reordena hacia la multipolaridad, el Atlántico Sur deja de ser un margen para convertirse en un tablero: quien controla sus rutas y su acceso a la Antártida obtiene una posición de peso en la competencia global por recursos y presencia.

El interés nacional La solidez de la posición argentina no depende del énfasis retórico sino de la consistencia jurídica y de la capacidad material de ejercer derechos donde el derecho los reconoce. Se fortalece con la vía multilateral y el reclamo sostenido como política de Estado que trascienda los gobiernos, con la plataforma continental ya reconocida y, sobre todo, con la capacidad efectiva de controlar la ZEE: vigilar, patrullar y disuadir la depredación pesquera. Esa capacidad conecta la cuestión con el desarrollo industrial —la industria de defensa, con eje en Córdoba, y la logística portuaria del litoral—, recordando que la soberanía se sostiene tanto en el derecho como en los medios para ejercerla.

Conclusión Malvinas no es un asunto del pasado sino una coordenada del presente. Comprenderla como geopolítica del Atlántico Sur —y no solo como agravio— es la condición para defender un interés que es a la vez marítimo, económico y estratégico.

◆ LITIO · RECURSOS ESTRATÉGICOS

Litio: el nuevo mapa de los recursos críticos y el interés argentino

La transición energética, los modelos en pugna y el federalismo del recurso: por qué la clave no es el mineral sino la capacidad de industrializarlo.

Si el siglo XX se ordenó en torno al petróleo, la transición energética del siglo XXI está redibujando el mapa del poder alrededor de un puñado de minerales críticos. El litio, insumo esencial de las baterías, ocupa el centro de ese mapa. Y la Argentina, por geología, está inscripta en él: integra, junto con Bolivia y Chile, el llamado triángulo del litio, que concentra buena parte de los recursos mundiales del mineral.

El triángulo del litio Los yacimientos argentinos se ubican en los salares de altura de la Puna —Salta, Jujuy y Catamarca—. Su relevancia no deriva solo del volumen sino del momento: la demanda crece al ritmo de la electrificación del transporte, y los Estados productores pasaron de ser proveedores marginales a piezas codiciadas del nuevo tablero de los recursos. Lo que se juega no es un commodity más, sino un eslabón de la infraestructura energética global.

Modelos en pugna Sobre ese recurso compiten dos lógicas. La china, con empresas como Ganfeng y CATL que integran verticalmente la cadena, desde el salar hasta la batería. Y la occidental, que busca asegurar suministro mediante el friendshoring: la Ley de Reducción de la Inflación estadounidense y el reglamento europeo de materias primas críticas apuntan a ese fin. Los vecinos eligieron caminos distintos: Bolivia optó por un modelo estatal y Chile por una estrategia nacional con fuerte participación pública. La Argentina, con el régimen más abierto de los tres, todavía define qué lugar quiere ocupar en esa cadena: proveedora de materia prima o actora industrial.

Federalismo y renta Cualquier respuesta debe pasar por una particularidad institucional argentina: desde la reforma de 1994, el artículo 124 de la Constitución reconoce a las provincias el dominio originario de los recursos naturales. Son las provincias, y no el Estado nacional, las titulares del litio y las autoridades que otorgan las concesiones, en el marco de la Ley de Inversiones Mineras que garantiza estabilidad fiscal. De allí que los proyectos de "nacionalización" choquen con el diseño federal, y que el verdadero desafío sea de coordinación: evitar que las provincias compitan a la baja entre sí y articular una estrategia común entre la Nación, los estados provinciales y las comunidades donde se explota el recurso.

El interés nacional El interés argentino, leído sin dogmas, no reside en el mineral sino en la capacidad. Exportar carbonato de litio sin procesar deja el grueso de la renta aguas abajo, en los países que fabrican cátodos, celdas y baterías, donde el valor se multiplica muchas veces. Industrializar —con inversión en investigación y desarrollo, aprovechando capacidades como las de Y-TEC, el CONICET y las universidades— es lo que permitiría retener conocimiento y empleo calificado. A ello se suma una condición de sostenibilidad ineludible: la gestión del agua en ecosistemas frágiles y la licencia social de las comunidades. El norte productor y los polos científico-industriales del interior, Córdoba entre ellos, son los llamados a capturar ese valor si la decisión estratégica acompaña.

Conclusión El litio ofrece a la Argentina una oportunidad y una prueba. La oportunidad de insertarse con valor agregado en la industria de la transición energética; la prueba de si podrá coordinar su federalismo y su ciencia para transformar una ventaja geológica en desarrollo, en lugar de repetir el viejo papel de exportador de materias primas.

◆ ANTÁRTIDA · SOBERANÍA · CIENCIA

Antártida: la ciencia como soberanía y el mito de 2048

Una presencia centenaria, el régimen del Tratado Antártico y la nueva carrera por el continente blanco.

La Antártida es, quizás, el último gran espacio donde la geopolítica se juega casi en estado puro: un continente sin población originaria, gobernado por un régimen internacional singular, sobre el que conviven reclamos de soberanía congelados y una competencia creciente, disimulada bajo el lenguaje de la ciencia. Para la Argentina, país bicontinental, no es un territorio remoto sino una proyección natural de su geografía.

Una presencia centenaria El Sector Antártico Argentino se reclama entre los meridianos 25° y 74° Oeste, al sur del paralelo 60° Sur, y se superpone parcialmente con los reclamos de Chile y del Reino Unido. Lo distingue un dato difícil de igualar: la Base Orcadas funciona de manera ininterrumpida desde 1904, lo que la convierte en la más antigua en operación continua de todo el continente. Esa presencia sostenida, junto a una red de trece bases —seis permanentes y siete temporarias— y a décadas de actos de administración, constituye el fundamento fáctico de la posición argentina.

El régimen del Tratado El Tratado Antártico, firmado en 1959, destinó el continente a fines exclusivamente pacíficos, consagró la libertad de investigación científica y, en su artículo IV, congeló las reclamaciones de soberanía sin extinguirlas ni implicar renuncia. La Argentina es parte consultiva originaria y sede de la Secretaría del Tratado, en Buenos Aires: un capital institucional nada menor. En 1991, el Protocolo de Madrid reforzó el régimen prohibiendo la actividad minera. Conviene desarmar aquí un mito extendido: no es cierto que en 2048 se habilite automáticamente la explotación de recursos. Esa fecha solo permite que cualquier parte consultiva solicite una conferencia para revisar el Protocolo, cuya modificación exige mayorías agravadas. El statu quo no caduca por el paso del tiempo.

La nueva carrera antártica Bajo la superficie de la cooperación científica se despliega, sin embargo, una competencia real. Las potencias amplían sus bases y su logística, no por curiosidad desinteresada, sino porque la presencia científica es hoy la moneda con la que se acumula posición de cara al futuro del continente: sus pesquerías, su agua dulce, su eventual potencial mineral y su valor estratégico. Quien esté presente y produzca conocimiento cuando llegue el momento de discutir el régimen tendrá voz; quien se haya retirado, no.

El interés nacional De ahí que, en el caso antártico, el interés nacional se defienda con ciencia y logística antes que con retórica. La capacidad científica sostenida, una flota capaz —con el rompehielos Almirante Irízar como pieza central— y la proyección desde Ushuaia como puerta de entrada son los instrumentos concretos de la soberanía. Retirarse de la ciencia antártica es, en los hechos, retirarse de la posición. Y como toda campaña antártica moviliza una cadena de abastecimiento industrial, la cuestión conecta de nuevo con el desarrollo del interior, con Córdoba y Santa Fe como proveedores naturales.

Conclusión La Antártida recompensa la constancia. La Argentina llega a la discusión de su futuro con un activo excepcional: más de un siglo de presencia. Conservar y ampliar esa ventaja —invirtiendo en ciencia y en medios propios— es la forma más eficaz, y menos declamativa, de defender un interés nacional que se proyecta hasta el fin del mundo.

🎓 FORMACIÓN ACADÉMICA · RRII · COMERCIO EXTERIOR · CIENCIA POLÍTICA · DERECHO DE LA INTEGRACIÓN

Dónde formarse en la región centro: relaciones internacionales, comercio exterior, ciencia política y derecho de la integración

Directorio de carreras de grado y posgrado, diplomaturas, cursos y seminarios con incumbencia geopolítica —relaciones internacionales, comercio exterior, ciencia política, derecho internacional público y privado, derecho de la integración— en las universidades e institutos de Entre Ríos y Santa Fe. Cada entrada enlaza al sitio oficial de la institución.

Entre Ríos

Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER)Nueva Licenciatura en Relaciones Internacionales (Facultad de Trabajo Social, Paraná): desarrollo sostenible, cooperación internacional, análisis geopolítico, gestión de proyectos internacionales y comercio exterior. → fts.uner.edu.ar/licenciatura-en-rrii · oferta general: estudia.uner.edu.ar

UCA — Facultad "Teresa de Ávila" (Paraná) — Licenciatura en Relaciones Internacionales (política exterior, comercio exterior, diplomacia, seguridad). → uca.edu.ar/facultad-de-teresa-de-avila

Universidad Autónoma de Entre Ríos (UADER) — carreras y posgrados de ciencias sociales, gestión pública y política. → uader.edu.ar/facultades

Universidad de Concepción del Uruguay (UCU) — Licenciatura en Ciencia Política y de Gobierno; amplia oferta de grado y posgrado. → ucu.edu.ar/carreras

Institutos y formación: escuelas de gobierno provinciales, colegios profesionales (abogacía, comercio) y fundaciones que dictan diplomaturas en comercio exterior e integración.

Santa Fe (capital y provincia)

Universidad Nacional del Litoral (UNL) — Licenciatura en Ciencia Política (Fac. de Ciencias Jurídicas y Sociales); en Ciencias Económicas, formación y coordinación en comercio exterior e internacionalización de pymes; posgrados y seminarios sobre integración y MERCOSUR. → unl.edu.ar

Universidad Católica de Santa Fe (UCSF) — Facultad de Derecho y Ciencia Política: Abogacía, Licenciatura en Ciencia Política, Licenciatura en Relaciones Internacionales y Maestría en Relaciones Internacionales. → ucsf.edu.ar — Derecho y Ciencia Política

Institutos y fundaciones: centros de estudios de política internacional, cámaras de comercio exterior y fundaciones que ofrecen cursos y seminarios de actualización.

Rosario

Universidad Nacional de Rosario (UNR) — Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales: Licenciatura en Relaciones Internacionales (fcpolit.unr.edu.ar) y Licenciatura en Ciencia Política; Especialización en Operaciones de Comercio Exterior; Maestría en Integración y Cooperación Internacional (unr.edu.ar); investigación en el CERIR.

Universidad del Gran Rosario (UGR) — Diplomatura en Negocios Internacionales y carreras vinculadas al comercio. → ugr.edu.ar

Universidad Abierta Interamericana (UAI) — Licenciatura en Comercio Internacional y carreras de negocios y relaciones internacionales. → uai.edu.ar

Universidad Tecnológica Nacional — Facultad Regional Rosario (UTN FRRo) — diplomaturas y posgrados en comercio exterior, logística y gestión. → frro.utn.edu.ar

Universidad Austral (sede Rosario) — Derecho y programas de negocios con proyección internacional. → austral.edu.ar

Institutos, asociaciones y fundaciones: el CERIR (UNR), cámaras de comercio exterior de Rosario, colegios profesionales y fundaciones que dictan diplomaturas y seminarios de RRII, integración y comercio.

⚑ ¿Por qué importa para la región centro?

La Hidrovía, la Antártida, el litio y la defensa demandan cuadros técnicos y dirigentes formados en geopolítica, comercio exterior e integración. Entre Ríos y Santa Fe concentran una masa crítica universitaria capaz de producir esos perfiles. Formar localmente a quienes negociarán y gobernarán estos activos estratégicos es, en sí mismo, una política de soberanía y de arraigo.

Directorio curado y ampliable. Nombres de carreras, modalidad, cupo y aranceles pueden variar: confirmá en el sitio oficial de cada institución. Fuentes: sitios de UNER, UCA Paraná, UADER, UCU, UNL, UCSF, UNR, UGR, UAI, UTN FRRo y Universidad Austral.

📡 FUENTES · MEDIOS Y THINK TANKS DE GEOPOLÍTICA

Las fuentes del radar: medios y centros de análisis geopolítico del mundo

Directorio de las fuentes de análisis internacional del radar y de su universo de referencia, ordenadas por país con la dirección web de cada institución. Las marcadas con ● están hoy activas en el radar en vivo.

Estados Unidos

● Foreign Affairs — foreignaffairs.com
● Foreign Policy — foreignpolicy.com
Council on Foreign Relations — cfr.org
CSIS — csis.org
RAND Corporation — rand.org
Geopolitical Futures — geopoliticalfutures.com
International Crisis Group — crisisgroup.org

Reino Unido

● The Economist — economist.com
● Chatham House — chathamhouse.org
IISS — iiss.org

China

● Global Times — globaltimes.cn
China Daily — chinadaily.com.cn
CIIS — ciis.org.cn
CASS — cass.net.cn
CCG — en.ccg.org.cn

Rusia

● RT — rt.com
● Sputnik — sputnikglobe.com
Valdai Discussion Club — valdaiclub.com
RIAC — russiancouncil.ru
IMEMO — imemo.ru

Israel

● The Jerusalem Post — jpost.com
INSS — inss.org.il
BESA — besacenter.org
JCPA — jcpa.org
Israel Democracy Institute — idi.org.il

Mundo Árabe y Medio Oriente

● Al Jazeera — aljazeera.com
Al Jazeera Centre for Studies (Qatar) — studies.aljazeera.net
Middle East Institute (EE.UU.) — mei.edu
Carnegie Middle East (Líbano) — carnegie-mec.org
Emirates Policy Center (EAU) — epc.ae

Francia

● IFRI — ifri.org
FRS — frstrategie.org
IRIS — iris-france.org

Alemania y Europa

SWP (Alemania) — swp-berlin.org
● ECFR — ecfr.eu
● Bruegel — bruegel.org

España

Real Instituto Elcano — realinstitutoelcano.org
CIDOB — cidob.org
IEEE España — ieee.es

India

● Observer Research Foundation — orfonline.org
MP-IDSA — idsa.in
Gateway House — gatewayhouse.in

Japón

JIIA — jiia.or.jp
Nippon.com — nippon.com
NIDS — nids.mod.go.jp

Australia · Indonesia · Singapur

● ASPI (Australia) — aspistrategist.org.au
Lowy Institute (Australia) — lowyinstitute.org
CSIS Indonesia — csis.or.id
ISEAS (Singapur) — iseas.edu.sg

Pakistán ◆ NUEVO

Institute of Strategic Studies Islamabad (ISSI) — issi.org.pk
Pakistan Institute of International Affairs (PIIA) — piia.org.pk

Taiwán ◆ NUEVO

Institute for National Defense and Security Research (INDSR) — indsr.org.tw
Prospect Foundation — pf.org.tw

Vaticano / Santa Sede ◆ NUEVO

La Civiltà Cattolica — laciviltacattolica.com
Agenzia Fides — fides.org
L'Osservatore Romano — osservatoreromano.va

África

Institute for Security Studies (ISS Africa) — issafrica.org
SAIIA (Sudáfrica) — saiia.org.za

Brasil y América Latina

Fundação Getulio Vargas (FGV) — fgv.br
FUNAG / IPRI — funag.gov.br
CEPAL — cepal.org
FLACSO — flacso.org
OLADE — olade.org

Las marcadas con ● responden hoy en tiempo real en el radar; el resto integra el universo de referencia y se suma a medida que se ajustan sus feeds. Direcciones oficiales de cada institución.

📚 LIBRERÍA · CLÁSICOS DE LA GEOPOLÍTICA

Librería geopolítica: los clásicos del mundo y la escuela argentina primigenia

Curaduría de las obras que fundaron la disciplina y de la tradición geopolítica argentina —desarrollista y nacional— que pensó el país desde sus ríos, sus fronteras, su mar y su proyección continental.

La escuela argentina primigenia

Jorge E. Atencio — ¿Qué es la geopolítica? (1965). La obra fundacional y de mayor repercusión de la geopolítica argentina; sistematizó la disciplina para varias generaciones.

Juan Enrique Guglialmelli — revista Estrategia (1969-1983) y Geopolítica del Cono Sur. Director de Estrategia (INSAR); articuló geopolítica, desarrollo económico, fronteras, defensa y energía atómica en un proyecto de nación. El gran referente desarrollista.

Segundo R. Storni — Intereses Argentinos en el Mar (1916). Piedra basal del pensamiento marítimo argentino: el mar como interés nacional y proyección de poder.

Nicolás Boscovich — geopolítica de los ríos y la Hidrovía. Pensó la Cuenca del Plata y el sistema Paraná-Paraguay como eje de integración y desarrollo del interior.

Justo P. Briano — Geopolítica y Geoestrategia Americana. Manual clásico de la geopolítica sudamericana desde una mirada argentina.

Felipe Marini — estudios de geopolítica. Junto a Atencio y Guglialmelli, integra la línea fundacional local.

Los fundadores clásicos (mundo)

Alfred T. Mahan — The Influence of Sea Power upon History (1890). El poder marítimo como clave del poder mundial.

Halford J. Mackinder — The Geographical Pivot of History (1904) y Democratic Ideals and Reality (1919). La teoría del Heartland: quien domina el corazón de Eurasia domina el mundo.

Friedrich Ratzel — Politische Geographie (1897). Padre de la geografía política; acuñó la idea del Lebensraum.

Rudolf Kjellén — El Estado como forma de vida (1916). Acuñó el término "geopolítica" en 1899.

Karl Haushofer — escuela alemana del Lebensraum. Sistematizó y politizó la geopolítica a comienzos del siglo XX.

Nicholas J. Spykman — America's Strategy in World Politics (1942) y The Geography of the Peace (1944). La teoría del Rimland, respuesta marítima al Heartland.

Puente contemporáneo

Zbigniew Brzezinski — El gran tablero mundial (1997). La geopolítica del poder estadounidense sobre Eurasia; útil para leer el presente.

⚑ ¿Por qué una escuela argentina?

La tradición de Atencio, Guglialmelli, Storni y Boscovich no fue una copia: pensó a la Argentina desde sus propios intereses —los ríos, el mar, la Antártida, las fronteras, la industria— con vocación desarrollista y nacional. Recuperar esas fuentes primigenias es recuperar una forma de mirar el mundo que pone al país y a su gente en el centro.

Curaduría inicial y ampliable. Muchos clásicos son de dominio público y se consiguen en bibliotecas universitarias de la región y en repositorios como FUNAG (Brasil) y CONICET. Ediciones y años pueden variar según la reimpresión.

🗺 MAPOTECA · CARTOGRAFÍA ESTRATÉGICA

Mapoteca: mapas para entender la región y sus intereses

Galería curada de cartografía clave del territorio argentino y del Cono Sur. Cada mapa enlaza a su fuente para verlo en alta resolución.

República Argentina (mapa cenital)
República Argentina (mapa cenital)
Vista cenital del país; Paraná, en el corazón del Litoral.
VER MAPA →
El mundo con centro en la Argentina
El mundo con centro en la Argentina
Proyección ortográfica: la posición austral y bicontinental.
VER MAPA →
Cuenca del Plata e hidrografía
Cuenca del Plata e hidrografía
Paraná, Paraguay, Uruguay y Río de la Plata: el sistema fluvial.
VER MAPA →
Isla de los Estados y Tierra del Fuego
Isla de los Estados y Tierra del Fuego
El extremo austral y la Isla de los Estados, guardián del Atlántico Sur.
VER MAPA →
Provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur
Provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur
La provincia con su proyección antártica y sus islas reclamadas.
VER MAPA →
Islas Malvinas
Islas Malvinas
Mapa topográfico con la toponimia argentina.
VER MAPA →
Sector Antártico: reclamos en pugna
Sector Antártico: reclamos en pugna
El reclamo argentino contrastado con el chileno y el británico.
VER MAPA →
Puertos marítimos y fluviales
Puertos marítimos y fluviales
Sistema portuario atlántico y del corredor Paraná.
VER MAPA →
Corredores bioceánicos terrestres
Corredores bioceánicos terrestres
Conexiones Atlántico–Pacífico: Capricornio y Central.
VER MAPA →

Mapas 1 a 7: Wikimedia Commons (dominio público / Creative Commons); clic para ver, ampliar y verificar cada archivo. Mapas 8 y 9 (puertos y corredores): esquemas propios de elaboración editorial. Cartografía oficial complementaria en el IGN (www.ign.gob.ar).

◆ FUNDAMENTOS · EDITORIAL

¿Qué es la geopolítica? Genealogía, estatuto y vigencia de un saber en disputa

Genealogía de un campo con más de un siglo de historia —de Kjellén, Ratzel y Mackinder a la geopolítica crítica— y su vigencia estratégica para una Argentina cuya geografía vuelve a ser objeto de disputa.

Pocas palabras del vocabulario contemporáneo circulan con tanta frecuencia y tan poca precisión como "geopolítica". Se la invoca para explicar guerras, sanciones, rutas comerciales y hasta fluctuaciones cambiarias. Sin embargo, detrás del uso periodístico existe un campo de conocimiento con más de un siglo de historia, atravesado por rupturas teóricas y por una pregunta persistente: ¿cómo condiciona el espacio geográfico el ejercicio del poder político?

Los orígenes de un concepto El término fue acuñado en 1899 por el politólogo sueco Rudolf Kjellén, quien concebía al Estado como un organismo vivo cuya existencia dependía del territorio que ocupaba. Kjellén sistematizaba así intuiciones previas de Friedrich Ratzel, fundador de la geografía política moderna, para quien los Estados necesitaban "espacio vital" (Lebensraum) para desarrollarse.

En paralelo, dos pensadores anglosajones dotaron al campo de sus primeras grandes hipótesis estratégicas: el estadounidense Alfred Thayer Mahan sostuvo que el dominio de los mares definía la primacía mundial, mientras que el británico Halford Mackinder, en su célebre conferencia de 1904, postuló que quien controlara el "corazón continental" euroasiático (Heartland) controlaría el destino del mundo.

Esta primera geopolítica, llamada clásica, compartía un supuesto de fondo: la geografía era un dato objetivo, casi determinante, que fijaba el destino de las naciones. Ese determinismo tuvo consecuencias trágicas. La escuela alemana de Karl Haushofer, que radicalizó las ideas de Ratzel, terminó proveyendo justificaciones pseudocientíficas al expansionismo del Tercer Reich. Tras 1945, la palabra quedó estigmatizada: durante décadas, hablar de geopolítica en la academia occidental equivalía a evocar un saber cómplice del nazismo.

De la proscripción a la renovación crítica La rehabilitación llegó por dos vías. La primera fue práctica: durante la Guerra Fría, la lógica de bloques, la doctrina de la contención y conceptos como el "arco de crisis" demostraron que las potencias seguían razonando en términos espaciales, aunque evitaran la palabra. Figuras como Henry Kissinger la reintrodujeron en el lenguaje diplomático estadounidense en los años setenta, ya despojada de sus connotaciones organicistas y entendida como sinónimo de equilibrio global de poder.

La segunda vía fue teórica. Desde los años ochenta, autores como Yves Lacoste en Francia —fundador de la revista Hérodote— y, más tarde, Gearóid Ó Tuathail y John Agnew en el mundo anglosajón, impulsaron la llamada geopolítica crítica. Su giro fue copernicano: el espacio dejó de ser un dato natural para convertirse en una construcción social y discursiva. La pregunta ya no era solamente cómo la geografía condiciona la política, sino quién produce las representaciones espaciales dominantes —los mapas, las regiones, las fronteras "naturales"— y al servicio de qué intereses. Lacoste lo sintetizó en un título provocador: la geografía sirve, ante todo, para hacer la guerra.

Hoy puede definirse la geopolítica, en un sentido amplio, como el estudio de las relaciones entre el poder —estatal y no estatal— y los espacios geográficos, incluyendo tanto las rivalidades por el control de territorios y recursos como las representaciones que los actores construyen sobre esos espacios. No es una disciplina cerrada sino un campo de intersección entre la geografía, la ciencia política, las relaciones internacionales, la historia y la economía política.

Nuevas dimensiones de un viejo problema El objeto de la geopolítica se ha expandido junto con las transformaciones del sistema internacional. A las dimensiones clásicas —el territorio, el mar, los estrechos y pasos obligados— se sumaron otras que las teorías fundacionales no podían anticipar. La geoeconomía analiza cómo los Estados utilizan instrumentos comerciales y financieros (sanciones, aranceles, control de inversiones) como armas estratégicas. La geopolítica de los recursos estudia la competencia por hidrocarburos, minerales críticos como el litio, agua dulce y tierras cultivables. La dimensión tecnológica incorpora la disputa por los semiconductores, los cables submarinos de datos y la inteligencia artificial. Incluso el ciberespacio y el espacio ultraterrestre se han convertido en escenarios de rivalidad con lógicas territoriales propias.

Al mismo tiempo, la geopolítica dejó de ser patrimonio exclusivo de las grandes potencias. Los Estados intermedios y las regiones periféricas producen sus propias lecturas espaciales: la integración sudamericana, los corredores bioceánicos, las hidrovías fluviales o la proyección antártica son ejemplos de cómo el razonamiento geopolítico opera también desde el Sur, no solo sobre él.

La geopolítica y la Argentina Para la Argentina, la mirada geopolítica no es un lujo académico sino una necesidad estratégica, porque el país posee una dotación espacial excepcional que el nuevo escenario mundial revaloriza. Es un Estado bicontinental con proyección antártica, octavo territorio del planeta, con más de 4.700 kilómetros de litoral marítimo y una plataforma continental extendida reconocida internacionalmente. Su Zona Económica Exclusiva —y la disputa de soberanía pendiente sobre las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur— la sitúan de lleno en la geopolítica del Atlántico Sur, un espacio cada vez más observado por las potencias en función de sus pesquerías, sus hidrocarburos offshore y su condición de antesala antártica.

A esa dimensión marítima se suma la continental. La Argentina integra la Cuenca del Plata, el segundo sistema hidrográfico de Sudamérica, cuya hidrovía Paraná-Paraguay constituye la arteria por donde sale la mayor parte de su producción agroexportadora: quien piense el país sin pensar sus ríos ignora su principal infraestructura estratégica. Los corredores bioceánicos que buscan conectar el Atlántico con los puertos chilenos del Pacífico reposicionan a las provincias del interior —tradicionalmente pensadas como periferia— en el centro de las rutas hacia los mercados asiáticos. Y la transición energética global convirtió al norte argentino, integrante del llamado "triángulo del litio", junto con Vaca Muerta y el potencial de hidrógeno verde patagónico, en piezas codiciadas del nuevo mapa de los recursos críticos.

La competencia entre Estados Unidos y China atraviesa directamente estos activos: infraestructura portuaria, inversiones mineras, telecomunicaciones y estaciones de observación espacial son hoy terreno de disputa entre las dos superpotencias en territorio argentino. Frente a ello, la tradición geopolítica nacional —de Segundo Storni y su temprana advertencia sobre los intereses marítimos a los desarrollistas que pensaron la integración física del territorio— ofrece un acervo propio para formular una política exterior que no sea mera adaptación a agendas ajenas. La geopolítica, leída desde la Argentina, es la disciplina que permite transformar una dotación geográfica extraordinaria en un proyecto de desarrollo e inserción internacional autónoma, en lugar de padecerla como territorio en disputa de terceros.

Conclusión: la vigencia de la mirada geopolítica Si durante los años noventa se proclamó el "fin de la geografía" —un mundo plano, globalizado, donde la distancia habría perdido relevancia—, el siglo XXI se encargó de desmentirlo. La invasión rusa de Ucrania reactualizó las viejas hipótesis sobre el Heartland; la competencia entre Estados Unidos y China se despliega sobre mapas reconocibles para Mahan (el Indo-Pacífico, los estrechos de Taiwán y Malaca); la pandemia y las guerras recientes revelaron la vulnerabilidad de las cadenas de suministro y devolvieron centralidad a la localización de la producción; la transición energética convirtió a los minerales críticos en el nuevo petróleo.

En este contexto, la geopolítica importa por una doble razón. Como saber analítico, ofrece claves indispensables para comprender un orden internacional en transición hacia la multipolaridad, donde el territorio, los recursos y las rutas vuelven a ser objeto de disputa explícita. Como saber crítico, nos advierte que los mapas nunca son inocentes: toda representación del espacio mundial encierra una jerarquía de intereses. Para un país como la Argentina, cuya geografía vuelve a ser objeto del interés de las grandes potencias, comprender la geopolítica es, entonces, tanto una herramienta para leer el mundo como una defensa intelectual frente a quienes pretenden leerlo —y decidirlo— por nosotros.